Entendemos que escribir es un acto pecaminoso.
-Augusto Monterroso-

jueves, 8 de enero de 2009

Radiografía del hielo


(Tisbea recomienda el siguiente enlace:


Por caminos de espinas, he llegado
al páramo invisible.

-
Antonio Gamoneda-

Alumbraron el amanecer muertos de frío.
Se arroparon con la sensatez del desvarío

-
Joaquín Sabina (de «Pájaros de Portugal» en Alivio de luto)-

Dame la mano para entrar en la nieve.
-Antonio Gamoneda (de Libro del frío)-


Se levantó de la mesa y se puso a temblar. Sacó el cuerpo de entre sus papeles y se puso a temblar. Eso es lo que nos ha dicho la cámara oculta, señores, estamos viendo a Tisbea sin ser vistos, la seguimos, la cuidamos, de otra manera no habríamos llegado a tiempo. ¿Presión sanguínea? 90-40 y bajando, latidos inaudibles, palidez, sigue temblando. Por encima de todo, manténganla despierta, háganla hablar, mandaremos refuerzos en seguida, se desmaya, despiértenla, que diga algo, Tisbea, escucha Tisbea, ¿Qué ha pasado?

Tisbea. —Tengo la casa llena de tiritas de frío.
Uno de ellos. —¿Qué dice?
Otro de ellos. —Algo sobre las tiritas. ¿Te has cortado Tisbea? ¿Te duele algo?
Tisbea. —Tengo la casa llena de tiritas de frío. Tengo la casa llena, ¿soy yo quien sostiene las agujas de hielo?

Detengan el temblor, háganlo cuanto antes. Tisbea, ¿me escuchas? Sí, soy la cerillera. Tengo frío. Es el último fósforo. ¡No!

Se ha caído. Está fuera de cámara. Funde a negro.

Tisbea. — ¿Recuerdas a Florentino Ariza?

[Identificaremos con el nombre genérico X a ese alguien que la acompaña y le habla, sentado en el borde de la cama. No tenemos noticia de cómo ha entrado este personaje y los aparatos de medición térmica no detectan temperatura en él. Hemos pensado que, tal vez, quien la acompaña no sea más que un holograma de su sueño. Hemos descubierto en Tisbea la capacidad de corporeizar sus espejismos y en este momento habla con uno de los habitantes de su agitado universo mental e involuntario. ¿Recuerdas a Florentino Ariza?]

X. —No.
Tisbea. —Ese señor de sombrero al que encontramos un día en Bogotá, ¿no lo recuerdas? El mismo día en que me dijiste que no entendías cómo los desplazados de una guerra larguísima, refugiados en esa ciudad, podían sobrevivir a las noches de frío sin tener dónde abrigarse.

[El archivo de nuestras grabaciones contiene una conversación como la que Tisbea recuerda, sostenida con su padre cuando ella era una niña. Padre e hija caminaban como peces: buceaban una lluvia finísima en el enorme acuario de una ciudad sobre montañas].

Tisbea. —¿No lo recuerdas?
X. —¿Por qué debería recordarlo?
Tisbea. —Florentino sólo estuvo un día en la ciudad, después se marchó para no volver jamás porque no le gustó el frío.
X. —Igual que tú.
Tisbea. —Depende.
X. —¿Qué depende?
Tisbea. —Yo no me marché. A mí me gusta el frío cuando no me da frío.
X. —¿Eso que quiere decir?
Tisbea. —Fácil. A mí me gusta el frío cuando la gente espera a su papá Noel en su casa templada y enciende la televisión para ver a las personas que esquían en la nieve.
X. —Ya.
Tisbea. —A mí no me gusta el frío cuando los niños aspiran pegamento para olvidarse de que tienen frío y el frío, de todas maneras, se los lleva. ¿Podemos arroparlos con papel periódico?

¿Cuánto tiempo lleva tiritando? Cuarenta y cinco minutos. Presión arterial controlada. Habla dormida, parece que se encuentra mejor.

Tisbea. —¡Florentino!: a mí me gusta la nieve. Soy una niña y estoy en tus brazos, papá, me gusta la nieve.
X. —¿La nieve?
Tisbea. —¿No la has visto? Es agua seca.
X. —Ya.
Tisbea. —No te engaño, es agua seca, por eso cruje. Es blanca y acolchada, como los osos polares. ¿Podemos arroparlos con papel periódico?

La tenemos de vuelta. ¿Ya no tiritas? Mi nombre es Tisbea manos de carámbano. Apaguemos el frío, señores. Que empiece una nueva escena. ¿Puedo volver a sacar el cuerpo de entre mis papeles, sin que el día se me arrugue de escarcha? Acción. Escena segunda.

Se levantó de la mesa y se puso a temblar…

Esto es serio, lectores: a treinta y siete grados centígrados por mano, enciendan algo de calor humano para rodearla. En caso contrario, podríamos perderla. Como a la cerillera. ¿Alguien recuerda ese cuento de Andersen?

CGG-H
(Salamanca, 8-01-09)

2 comentarios:

Florencia dijo...

felicitaciones por el bolg, me gusta lo que he leído hasta ahora, ya te diré!
besos

Florencia

Falsirego dijo...

No tengo un tren, pero tengo "Mi papel en el pixel", y eso ya es suficiente para saciar mis ganas de tu literatura.

Hasta ahora -y llevo todo el día deseando encontrar el momento- no había leído las historias de Tisbea. Ahora que lo he hecho me he vuelto a quedar prendada de esa forma tuya de decir y ser en el mundo.

Gracias por regalarte así.

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